febrero 27, 2009

Invicto

El altísimo, su alteza serenísima. Invicto.
Desclasificar, poner claves, tachar
con negro
los párrafos comprometedores.
No sirve la acción comunicativa,
desubicada, como está,
por las causas perdidas.
Poner los sellos, la salivita
en los antiguos sobres de cartas
que no se mandan más. Invicto.
Aquí, a la vista, delante,
intocable, puro, el deseo:
Invicto.

febrero 25, 2009

el negro, Elpidio

Fuerte, Elpidio.
Confirmó mi insospechada fe.
Así que Elpidio, el negro, robusto
como era,
se batía entre sus creencias y mi fe,
mi insospechada fe.
Mordía orejas en cariño frustrado.
Elpidio se acurrucaba, sus inmensas manos
pisaban el sueño. Los suyos no.
El negro, Elpidio, un día
lo olvidé. Lo miraba, roca pulcra, pero
lo olvidé.

febrero 24, 2009

Pagué mis libros

Ruido incesante: metafísica.
No decidir nada, ponderar la nada.
Abrir sin sentidos, ninguno, es mejor.
En la orilla de la espiral una melena negra y larga.
La recordé y me sonrió, era de ese lugar donde
alguna vez juré no regresar. Yo le sonreí a su sonrisa.
Tal vez la recuerde bien, pero
casi no recuerdo nada, es mejor.
Para la metafísica es mejor.
Mejor no saber nada, no finjir que se sabe.
La sonrisa del siglo XVI me abrazó. Yo también.
Bajé y pagué mis ya escogidos libros. Ella subió.

febrero 23, 2009

Había una lagartija

En el jardín estaba.
Casi seca, pero respiraba.
La mojé mucho, para que no huyera
de mí.
La tomé. No ofreció resistencia, no corrió.
La miré. Ella cerró los ojos. Su corazón latía aún.
La aventé por la barda.
Luego pensé: quizá debí ponerla
en la gran grieta, enorme,
que un tubo roto
hizo en la sala de mi casa.
No la volvería a ver.

febrero 13, 2009

Abril tiene un hurón

Así es, Abril tiene un hurón. Un regalo de cumpleaños. Pronto Cecilio, el hurón, logró que Abril olvidara a Guadalupe, el pato. A los pocos días Cecilio se cansó de ser una simple mascota, un hurón más entre otros y decidió volverse una persona. Envidiaba todo lo que hacía Abril, su capacidad de editora, de posproductora, que manejara, que saliera sola a la calle, sus comodidades, su departamento nuevo y su lenguaje. Escuchaba atentamente cada palabra y observaba lo que hacía Abril y sus invitados, que de vez en vez los visitaban. Los imitaba.
Al cabo de varias semanas, Cecilio, por fin, se supo humano. Tuvo novia, aprendió a editar, a ir a la oficina, a pagar al banco, a hacer el super, a sacar su credencial de elector para votar en julio próximo, pues ya poseía su propia ideología política.
Un día notó que se había separado de las flores, de la tierra, que no podía trepar a su gusto y necesidad, que tenía que vestirse y simular tener cultura y un ego con rango...
Una noche Cecilio se despertó moviendo los bigotes de felicidad radiante: seguía siendo hurón. Un sueño nomás.

febrero 05, 2009

Encuentro a un poeta menor que con toda justicia cumple el dictum de Borges: la meta es el olvido yo he llegado antes. Parece que tal autor desconocido tenía alguna pretensión de elaborar haikús o algo parecido, pero en todo caso malogrado. Unas muestras:

Ya sin desafíos
vida extaviada en el
éter del fuego.

Como si fueras
poseedora del rayo
cesas de llover.

Asimismo el poeta menor parece, en un momento dado, obsesionado con algunos ojos verdes que torpemente refleja asi:

El tiempo
en el otro huerto
de los olivos
se petrifica sin rezo
sin dios
sin traición.

Luego el tipo se pone místico (falsamente místico):

La oración
en el huerto de los olvidos
quedó innecesaria
La puerta del huerto
abre a la memoria
un nuevo rezo
de una buena luz
Otro evangelio
alli se dicta.

No cabe duda que las pretensiones de decir algo poéticamente se han prostituido hasta rayar en lo ridículo. La poesía no necesita de estos poetas menores insufribles.