octubre 22, 2008

Al margen 1

Nonoalco 48, altos E.
Diminuto pasillo de baldosas y celosías.
pequeñas láminas, de casas: techos.

Al balcón en la mirada, terreno baldío,
como anticipo de congreso en construcción.

Madrina ciega, rodeada de gatos, con hijas
procurando el agrado del pequeño grandulón.

Subir, a la entrada, escaleras de madera,
que al paso, azotaba, regaba, la acumulada tierra,
que caía, de golpe y segura, sobre
pobres habitantes de un ínfimo cuarto.

La ventana arriba, siempre,
demasiado alta y más lejana aún,
en el 2 de actubre, en que mi madre,
asustada, me cobijaba. Así era.
Ahora lo recuerdo todo.

octubre 18, 2008

Instantáneas IV

La Memoria y la Comunicación. ¿Qué hacemos desde la Comunicación para resguardar la memoria? ¿Qué archivos del porvenir estaremos seguros de resguardar? ¿Cómo se filtrará la memoria en los espectros de la tele-tecno-ciencia? ¿Qué relación acontece con el tiempo archivado en los archivos de la escritura videográfica, en las producciones audiovisuales, virtuales, en las fotografías, en las páginas web y los celulares? ¿Qué acontece en un blog? No, por supuesto, qué se escribe, sino eso: ¿qué ACONTECE?...por ejemplo, ahora mismo.

septiembre 13, 2008

Instantáneas III

Agamben, nos llama de nuevo, a considerar los problemas de Imagen de la teología cristiana. Por ejemplo nos recuerda el enlace entre el tema de la vida eterna y la imagen. La resurrección de Cristo era un verdadero problema a la hora de justificar la forma que tendría el resucitado. ¿Qué imagen debería de tener el muerto? La cuestión no es banal y, una vez más, estamos frente a un asunto que implica a la identidad. En este caso a la identidad entre el muerto y el resucitado, porque dicha certeza de identidad era (o es) el más firme paso para avalar la salvación (objeto y sentido del Kristos). No es una cuestión menor si se trata de imaginar al resucitado, por supuesto que eso no es privativo de los primeros padres de la Iglesia, sino de cualquier director de cine que intente dicha imagen. Sería Orígenes en el tercer siglo de la era cristiana quien vincule la resurrección a la imagen (eidos, dice Agamben) y no al cuerpo, para permanecer idéntica a pesar de sus transformaciones materiales. No poca cosa para la cristiandad.

septiembre 09, 2008

Instantáneas II

Quizá ver sea un acto reiterativo de la memoria que implica identidad. Si no, qué podía significar que el cura Hidalgo la mítica noche de Dolores, enarbolara una bandera con la virgen de Guadalupe, pero, por vez primera, con un águila y una serpiente (que no sólo eran animales predilectos de Zarathustra). Morelos lo secunda y enaltece a los héroes mexicas vencidos por Cortés, desde entonces nuestras avenida lucen héroes aztecas, estatuas que el PRI y sus citadinos regentes pulirán con empeño. Imágenes aún de hoy, no científicas, sino algo más: de identidad colectiva. Iturbide, malogrado, también recurre a los mexica e impone nopal, serpiente y águila, en un extraño espectáculo de ejército afrancesado y estandartes trigarantes de corte indígena. (Acaso Iturbide hubiera logrado una buena aportación al show mediático de Beijin en este, su olímpico año). El siglo XIX mexicano será prolífico en re-presentar a la patria, en imaginarla mujer, indígena y bella. Claro, en el XX, María Félix y Dolores de Río, impondrán otro rumbo. La imagen es construir, imponer, reiterar, ceremoniar, una identidad construida. ¿Hay algún recurso que no nos haga pensar que la ciencia y sus imágenes siguieron una ruta semejante, incluso en México, donde hoy no se investiga sino que se llenan formatos? ¿Acaso los códigos del software construyen hoy nuestra identidad formateadora, donde el power point reina trigarantemente: comunicación, diseño y tecnologías de la información?

agosto 19, 2008

Instantáneas I

San Ignacio de Loyola decía: “nuestros sentimientos son exacerbados más por las cosas que se ven que por las que se oyen”. Hablando de espiritualidad cristiana se trataba de hacer evidente la identificación del practicante con su objeto de contemplación y ello a pesar de que la época indicaba una vuelta a las letras, a la biblia de Lutero y Calvino. Ver imágenes pretendía garantizar la legitimidad de un arte y una espiritualidad al asociarlas a palabras y nociones abstractas, difíciles de imaginar, precisamente difíciles de imaginar. Siglos más tarde lo mismo ocurriría con los modelos científicos que explican nociones abstractas: fuerza, conservación, energía, gravitación, oxigeno, molécula, partícula, onda, etc., y, después: indeterminación, incompletud, incertidumbre. ¿cómo imaginar eso? ¿cómo hacerlo imagen? Parece que la otrora confianza de Ignacio de Loyola en que las imágenes garantizarían una identidad entre lo concebido (y conceptualizado) y lo visto, entre la palabra y su re-presentación, vuelven a tener presencia significativa en la modernidad científica. Sin duda, también, en la publicidad contemporánea.

julio 28, 2008

Cibernéticamente hablando, pero...

Para Wiener la Cibernética fue, básicamente, una teoría de los mensajes. Cuando Wiener trabajó con Rosenblueth –fisiólogo mexicano- no sólo fortaleció sus ideas de la “naciente” cibernética, logrando constituir una rigurosa y precisa idea de información, sino que, muy notoriamente, apoyaron su trabajo en viejas y conocida premisas filosóficas de corte cartesiano. Una de ellas sostenía que las estructuras formales de los sistemas mecánicos y eléctricos son en muchos casos isomórficas con las estructuras formales de los organismos vivos y que podían ser descritas matemáticamente. Ello fructificó en algunas aplicaciones de prótesis para sordos, ciegos o mutilados, o en detallados análisis de fluctuaciones del sistema nervioso central de hombres y animales. Recordemos que un libro suyo se intitula precisamente: Cybernetics: or the control and communication in the animal and the machine. Y de pasó recordemos también que Descartes, en la quinta parte del Discurso del Método (1637), dice puntualmente: “las reglas de la mecánica son las reglas de la naturaleza”. La intromisión de la idea de que las máquinas operan como la naturaleza y de que es posible su cálculo exacto nos llevaría al Renacimiento (no muy lejos de Descartes), a Ptolomeo, luego a Galileo y Kepler y de vuelta Descartes para ir a parar a Newton, éstos últimos son quienes afianzarán una nueva visión del mundo: el mundo como mecanismo. De allí se desarrollaron suficientes especulaciones filosóficas y científicas que alcanzan a Wiener.

Según Wiener el término cibernética aparece en el siglo XIX con Ampére – al parecer –ignorando a medias su sentido “antiguo”, lo que indica que él NO lo pensaba como suyo ni como “nuevo”, ni como una palabra que él usaba en sentido exclusivo, pero tampoco desde su raíz (y en esto no hay que leer un sentido “evolucionista” ni algún modo de “arcaísmos”en las palabras). Pese a ello alude al sentido remoto del término al pensar que la fusión de hombre-timón-nave, implica un sistema complejo de reacciones. En otras palabras: una nave con timón (KIBERNETES) que interactúa con el hombre en el sentido de un sistema mecánico no-determinista (no-determinista porque va en el mar, valga la metáfora, y tampoco determinista porque no está hablando de aspiradoras).

Las ideas de Wiener encuentran desarrollo –concedamos que “novedosas”- gracias a que hay un mundo de vida previo, una tradición, una herencia acumulada de saberes, una época (europea) que conforma una imagen del mundo y del hombre ya dada, ya aceptada y beneficiada por la electricidad y sólo muy tardíamente cuestionada. No negamos el mérito de Wiener ni de nadie, sólo apuntamos lo evidente, que por serlo, a veces, pasa desapercibido.

junio 24, 2008

non-pater

Para la filosofìa la materia prima fundamental de reflexiòn es la vida misma. La vida es un entramado de posibilidades, de poder-ser algo, de poder-ser alguien, de poder-hacer, pero las posibilidades dadas por la vida, sòlo son reales si se asumen decisiones. Las decisiones oportunas marcan no sòlo el destino de nuestras posibilidades en la vida, sino que hacen posible esa entidad que llamamos tiempo. El tiempo humano es el tiempo de las decisiones oportunas. Si se dejan de tomar decisiones o al dejar que alguien màs las tome por ti, se deja pasar tiempo. El tiempo, entonces, no acontece como una dimensiòn fuera de nosotros o por encima de nosotros, sino que el tiempo es la posibilidad de ser lo que somos al tomar decisiones. En filosofìa existe una manera de diferenciar esas cualidades de tiempo: llamamos Kairòs al tiempo de la decisiones oportunas, en tanto que Cronos es el tiempo con que medimos nuestras actividades rutinarias en la vida, por ejemplo aquellas que dependen del reloj.

El rol del hombre mexicano frente a su esposa e hijos puede ameritar mùltiples enfoques, pero desde la sencillez de la filosofìa intentamos decir algo fundamental. Creer que uno es algo es una cuestión de asumirlo con decisión o de dejarse que a uno lo asuman las decisiones ya tomadas por alguien màs o por una sociedad. Por ejemplo, “hombre mexicano” puede ser producto de ideas y roles asumidos por una generalidad media e indiferenciada, que en filosofìa recibe el nombre del “Uno Indiferenciado” donde básicamente el “hombre mexicano” no toma la decisión de serlo sino que asume un rol marcado por la sociedad, asimismo asume un papel de padre y esposo segùn cànones sociales (de nuevo el “uno indiferenciado”), pero dichos roles no son autènticos porque no son libremente elegidos: son impuestos de forma imperceptible. Dejemos a los antropòlogos la sana tarea de precisar què es ser mexicano y enfoquèmonos al hecho de asumir la decisión de tener hijos y ser esposo.

Ser esposo implica una decisión trascendental (en filosofìa “trascendental” quiere decir que vale ya siempre) y màs aùn ser padre. ¿Por què Trascendental? Ser esposo y ser padre, son modos existenciales de nuestro poder-ser algo, esos modos implican decisiones que son tiempo, dedicaciòn y cuidado. Una decisión que vale ya siempre requiere de cuidado de una decisión oportuna (Kairòs), en el sentido de que no se puede permitir uno medir tiempo de duraciòn (cronos) del compromiso con la pareja o con los hijos, sino que ese tiempo vital està marcado por nuestras decisiones, nuestro cuidado y nuestra libre voluntad. En verdad no pasa el tiempo con tu esposa y tus hijos, no pasa nada de eso que llamamos tiempo: ni en los cumpleaños ni en los aniversarios, porque el tiempo se hace posible en la convivencia del cuidado cotidiano, un cuidado que se distingue de otros cuidados, puesto que se trata de un cuidado amoroso. Sòlo hay tiempo en el amor del cuidado y eso no nos lo recuerdan las fechas, sino la voluntad cotidiana.

Finalmente pienso que una relaciòn se construye sin medida. Al construir un hogar, construimos un modo de habitar, no se construye para habitar, al contrario se habita para construir, se habita en el cuidado de la decisión amorosa cotidiana y sòlo desde allì se construye algo. Eso, creo, aùn es muy ausente en la constitución de un matrimonio actual. Dejar de ser un “hombre mexicano” o la mexicana, serìa un buena ruta de acceso a lo otro.