octubre 22, 2008
Al margen 1
Diminuto pasillo de baldosas y celosías.
pequeñas láminas, de casas: techos.
Al balcón en la mirada, terreno baldío,
como anticipo de congreso en construcción.
Madrina ciega, rodeada de gatos, con hijas
procurando el agrado del pequeño grandulón.
Subir, a la entrada, escaleras de madera,
que al paso, azotaba, regaba, la acumulada tierra,
que caía, de golpe y segura, sobre
pobres habitantes de un ínfimo cuarto.
La ventana arriba, siempre,
demasiado alta y más lejana aún,
en el 2 de actubre, en que mi madre,
asustada, me cobijaba. Así era.
Ahora lo recuerdo todo.
octubre 18, 2008
Instantáneas IV
septiembre 13, 2008
Instantáneas III
septiembre 09, 2008
Instantáneas II
agosto 19, 2008
Instantáneas I
julio 28, 2008
Cibernéticamente hablando, pero...
Para Wiener
Según Wiener el término cibernética aparece en el siglo XIX con Ampére – al parecer –ignorando a medias su sentido “antiguo”, lo que indica que él NO lo pensaba como suyo ni como “nuevo”, ni como una palabra que él usaba en sentido exclusivo, pero tampoco desde su raíz (y en esto no hay que leer un sentido “evolucionista” ni algún modo de “arcaísmos”en las palabras). Pese a ello alude al sentido remoto del término al pensar que la fusión de hombre-timón-nave, implica un sistema complejo de reacciones. En otras palabras: una nave con timón (KIBERNETES) que interactúa con el hombre en el sentido de un sistema mecánico no-determinista (no-determinista porque va en el mar, valga la metáfora, y tampoco determinista porque no está hablando de aspiradoras).
Las ideas de Wiener encuentran desarrollo –concedamos que “novedosas”- gracias a que hay un mundo de vida previo, una tradición, una herencia acumulada de saberes, una época (europea) que conforma una imagen del mundo y del hombre ya dada, ya aceptada y beneficiada por la electricidad y sólo muy tardíamente cuestionada. No negamos el mérito de Wiener ni de nadie, sólo apuntamos lo evidente, que por serlo, a veces, pasa desapercibido.
junio 24, 2008
non-pater
El rol del hombre mexicano frente a su esposa e hijos puede ameritar mùltiples enfoques, pero desde la sencillez de la filosofìa intentamos decir algo fundamental. Creer que uno es algo es una cuestión de asumirlo con decisión o de dejarse que a uno lo asuman las decisiones ya tomadas por alguien màs o por una sociedad. Por ejemplo, “hombre mexicano” puede ser producto de ideas y roles asumidos por una generalidad media e indiferenciada, que en filosofìa recibe el nombre del “Uno Indiferenciado” donde básicamente el “hombre mexicano” no toma la decisión de serlo sino que asume un rol marcado por la sociedad, asimismo asume un papel de padre y esposo segùn cànones sociales (de nuevo el “uno indiferenciado”), pero dichos roles no son autènticos porque no son libremente elegidos: son impuestos de forma imperceptible. Dejemos a los antropòlogos la sana tarea de precisar què es ser mexicano y enfoquèmonos al hecho de asumir la decisión de tener hijos y ser esposo.
Ser esposo implica una decisión trascendental (en filosofìa “trascendental” quiere decir que vale ya siempre) y màs aùn ser padre. ¿Por què Trascendental? Ser esposo y ser padre, son modos existenciales de nuestro poder-ser algo, esos modos implican decisiones que son tiempo, dedicaciòn y cuidado. Una decisión que vale ya siempre requiere de cuidado de una decisión oportuna (Kairòs), en el sentido de que no se puede permitir uno medir tiempo de duraciòn (cronos) del compromiso con la pareja o con los hijos, sino que ese tiempo vital està marcado por nuestras decisiones, nuestro cuidado y nuestra libre voluntad. En verdad no pasa el tiempo con tu esposa y tus hijos, no pasa nada de eso que llamamos tiempo: ni en los cumpleaños ni en los aniversarios, porque el tiempo se hace posible en la convivencia del cuidado cotidiano, un cuidado que se distingue de otros cuidados, puesto que se trata de un cuidado amoroso. Sòlo hay tiempo en el amor del cuidado y eso no nos lo recuerdan las fechas, sino la voluntad cotidiana.
Finalmente pienso que una relaciòn se construye sin medida. Al construir un hogar, construimos un modo de habitar, no se construye para habitar, al contrario se habita para construir, se habita en el cuidado de la decisión amorosa cotidiana y sòlo desde allì se construye algo. Eso, creo, aùn es muy ausente en la constitución de un matrimonio actual. Dejar de ser un “hombre mexicano” o la mexicana, serìa un buena ruta de acceso a lo otro.

